Arturo Jarrín: “Mientras haya que hacer, nada hemos hecho”

 

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Arturo Jarrín: “Mientras haya que hacer, nada hemos hecho”

Entrevista a Santiago Aguilar Morán, autor de la biografía de Arturo Jarrín

Por: Martín Guzmán (@MartinGuzmanLDU)

Sin duda este es un tema difícil de tratar. No es sencillo hablar de la historia desde el punto de vista de los vencidos, pero el escritor ecuatoriano Santiago Aguilar se atrevió. Hace unas semanas presentó su libro Arturo Jarrín, la encrucijada de un hombre sereno, donde describe muy detallada y prudentemente la biografía del ex líder de la organización armada de los años ochenta ¡Alfaro Vive, Carajo! (AVC).

Santiago nos dedicó unas horas y pudimos conversar distendidamente sobre su obra. En este encuentro descubrimos la vocación de este escritor quiteño por llenar un hueco que tiene la memoria histórica de Ecuador y América Latina.

Nos contó las implicaciones de desarrollar esta compleja historia. Nos detalló todo lo que costó armar este rompecabezas que tenía muchas piezas dispersas, varias de ellas empolvadas, algunas ya despintadas y otras todavía muy relucientes. Estas últimas tenían muchas ganas de narrar los espacios que la historia y la política hegemónica han decidido silenciar. Pueden encontrar a Santiago en su cuenta de Twitter: @literatango. A continuación, la entrevista:

Precaución y prudencia a la hora de escribir el libro.

He intentado cuidar eso porque el primer libro que publicamos antes (Con tinta sangre, la matanza del 15 de noviembre de 1922 y el papel de la prensa) sufre de incontinencia, lo quería decir todo, están todos los adjetivos. En cambio, en esta biografía de Arturo Jarrín traté de cuidar de que no adjetivar en exceso para que, al final, las conclusiones políticas que saque el lector sean las suyas. No necesariamente tienes que estar de acuerdo con los ¡Alfaro Vive, Carajo! ni mucho menos. Pero uno pone los elementos asentados en la verdad y el lector verá si son miserables los unos, si son asesinos los otros. Esa es la postura que quiera tomar el lector. La conciencia que yo tomo al trabajar en este libro es la contención.

¿Por qué escribir de Arturo Jarrín?

En primer lugar, el libro tenía otro talante. Íbamos a hacer la segunda edición de Con tinta sangre pero a partir del papel de la prensa en el caso de Arturo Jarrín. El objetivo era analizar cómo la prensa trató a Arturo Jarrín y la organización ¡Alfaro Vive, Carajo! Yo empecé a trabajar en ello con esta perspectiva y me puse a buscar qué se dijo de Arturo Jarrín. Yo había leído su libro El cementerio de los vivos pero cuando me puse a buscar en Internet, me di cuenta que no había nada. Parecía que Arturo no existe, más allá de si estés de acuerdo o no, se trata de un hombre que lideró una organización cuyo proyecto movilizó muchos recursos y personas durante mucho tiempo.

Juan Manuel Castro me decía: “es un héroe menor en un país menor”. Yo no estoy de acuerdo con eso. Para mí eso tiene un valor que, por menos que pueda ser, es parte de nuestra historia. A la final, esto que pasa ahora es fruto de un grupo de personas que murió por unos ideales. Y algo de eso nos tiene que quedar, para bien o para mal, pero de eso somos herederos. Entonces hablé con la familia y hablé con el hermano de Arturo Jarrín, Edwin, y le dije que aquí hay un hueco, un vacío que hay que saldar de algún modo. ¿Cómo es posible que luego de 30 años aún no haya una biografía? Esto pudo haberse escrito al año siguiente, y hubiéramos tenido recuerdos frescos, más testimonios.

Nuestros libros de historia tienen un hueco, hablan de las obras de Febres Cordero pero se saltan esto que es tan importante. Políticamente, esto es muy potente: movilizar estos recursos, tanta gente, irte con 20 personas a Libia. Eso habla de algo ya casi novelesco, pero que fue real.

¿A qué crees que se debe ese hueco en donde no se puede hablar de Arturo Jarrín porque antes era prácticamente un delito hablar de él?

Durante los primeros años después de que esto ocurrió, creo que se debe a la persecución que tramó el Partido Social Cristiano (PSC) en el país que fue como una red en contra de todo lo que se sintiera u oliera a subversión. Tener pelo largo ya era signo de que te podían llevar preso, al menos. Lo mismo si eras rockero. Por eso había un manto de miedo en Ecuador, al menos mientras vivía Febres Cordero.

Me parece que es injusto decir que fueron cobardes o que no querían saldar la deuda al no hablar de Arturo Jarrín, sino que existía mucho miedo y era muy tenaz. No puede ser que por pensar distinto te maten, te torturen, te golpeen, amenacen a tu familia, saqueen tu casa. Ese miedo se sembró y perduró porque los aparatos de represión subsistían. Aunque Febres Cordero salió del poder, el SIC-10 se quedó y se transformó. Hasta poquito, el general Miño, manejaba la inteligencia del país y pasaba los informes primero al Gobierno de Estados Unidos antes que a Ecuador.

Por eso el lastre del terror quedó sonando en la gente. Mi mamá, que es una mujer distante de la política, sabe que hablar de este tema es complicado. Ella tenía miedo, resistencias de decir qué va a pasar luego. Eso es también importante de destacar que, políticamente, ha sido decisiva la presidencia de Correa, más allá de estar o no de acuerdo con él. Yo, particularmente, discrepo en un montón de cosas con él. Pero no puedes dejar de evidenciar que la política de Correa fue que se reabran los juicios, se desclasifiquen archivos de la Comisión de la Verdad a los que pude acceder para contar esta historia. Yo no sé qué podría pasar si un militar llega al poder, los casos de lesa humanidad van a ser olvidados otros 30 años.

Martín Guzmán entrevista a Santiago Aguilar Morán.

En referencia a lo que pasó con Argentina y Uruguay, pensando en lo que se hizo allá con la memoria histórica, con el documento Nunca más, ¿por qué no hubo un documento o un registro similar después del periodo de Febres Cordero?

Me parece que hay un error en la negociación política cuando ¡Alfaro Vive, Carajo! entregó las armas. Me parece que los dos casos en que ocurre una entrega de las armas es ¡Alfaro Vive, Carajo! y el M-19 (Colombia), antes de las FARC. Estas son negociaciones donde los grupos dicen: dejamos las armas y empezamos otra clase de vida política. El problema es que los ¡Alfaro Vive, Carajo! no negociaron la parte política, desde que entregan las armas hasta ahora son invisibilizados, son prontuariados. No les daba trabajo nadie, estaban con todos los records policiales manchados. Esto en el caso de las personas que sobrevivieron, los que tuvieron la suerte de sobrevivir al Gobierno de Febres Cordero. Yo creo que esta negociación se hizo de esta forma porque se sentía que la muerte estaba detrás de ellos, sabían que eran pocos y sin cúpula. Habían muerto Hamet Vásconez, Fausto Basantes y Arturo Jarrín, y las luchas internas se incrementaron dentro de ¡Alfaro Vive, Carajo!

Existen testimonios, Gladys Montaluisa hace un libro sobre este tema, se empieza a mover el asunto a partir de las investigaciones sobre los hermanos Restrepo, Hugo España también nos cuenta un poco como testigo. Sin embargo, no hay mucho más. Yo creo que, hasta en la entrega de las armas, los ¡Alfaro Vive, Carajo! fueron ingenuos. Imagina a un hombre como Arturo Jarrín, que debió medir 165 cm y con su mochila, caminando, queriendo cambiar el mundo. Esa es una imagen tierna. Luego pensemos que Arturo Jarrín logra reunir a 100 personas que lo siguen. Luego imagina que estas personas recuperan 800 armas del rastrillo de la Policía y no sabían qué hacer, tenían demasiadas armas y no tenían tantos militantes. Tuvieron que regalar algunas al M-19 y las otras hasta se oxidaban. Imagina al jefe de la organización que sale corriendo con la espada de Alfaro luego de robarlas del museo, todo porque no se prendía el auto en el que debía escapar. Y la forma en que Arturo cae en la cárcel es también ingenuo: a dos días que allanó la policía el departamento del amigo, el propio Arturo entra desarmado a ver quién está por ahí.

¡Alfaro Vive, Carajo!, ¿pasó del sueño al caos?

Yo creo que, más bien, fue del sueño al despertar. Ellos estaban soñando en un Ecuador distinto, en un camino que parecía posible luego de ver la Revolución Sandinista pero despertaron violentamente a una realidad que les sobrepasó.

En el libro, ¿cómo no llegar al sensacionalismo o lo burdo en condiciones tan crueles como son las torturas que sufrieron estas personas?

Fue tratar de contener un poco, de no ser tan explícitos porque es difícil contar esto. En estos casos, accedí a ciertas licencias con el disfraz de la literatura. Además, tenía que ponerme en el papel del lector y no permitir que sienta asco, sino que sienta rabia, indignación, angustia. Quisiera que se imagine el dolor pero hasta ahí. En ese sentido, creo que hasta el mismo Arturo Jarrín ha sido sobrio en contar las torturas y yo apelo mucho a su voz para contar estos episodios. Creo que me fui conteniendo para que todo tenga una coherencia narrativa, aunque a veces los dedos escribían solitos para expresar todo lo que yo siento al respecto, que fueron miserables al realizar estas torturas. Por eso es una labor de edición, de machete para lograr una contención en lo que digo.

¿Por qué el título del libro nos dice que se trata de la encrucijada de un hombre sereno?

Yo vengo del periodismo y siempre pongo los títulos al final, cuando ya tenga el espíritu de más o menos todo lo que estoy diciendo trato de sintetizarlo. Cuando ya terminé de escribir este libro lo volví a leer y dije: aquí hay al menos algo contradictorio porque el libro termina diciendo que él nunca disparó un tiro, que además es cierto. Obviamente debió haber disparado mientras se preparaba pero nunca le dio a nadie. Ahí hay una paradoja y yo trataba de mostrar esa paradoja.

Entonces Juan Pablo me dijo: “encrucijada, eso suena bacán”. Y ahí se nos ocurrió la idea. Pero eso en términos políticos creo que Arturo Jarrín se enfrentó a esta paradoja en su vida real de que era un hombre de paz -no disparó un tiro- quiere justicia social, quiere libertad para su pueblo. Sin embargo se ve orillado por la violencia de la oligarquía para responder con violencia revolucionaria. No hay forma de escapar de esa dimensión. Además, mataron a sus amigos Alejandro Andino y Miriam Loaiza muy tempranito, cuando ¡Alfaro Vive, Carajo! todavía no existía, recién se estaban juntando como si nos juntáramos nosotros y ya matan a dos de sus amigos. Ahí creo que él se da cuenta de que no hay forma de escapar de ese camino y que, si hay una forma, no sé si rápida pero sí efectiva de imponer un discurso era con las armas. Entonces las armas al final imponen un discurso.

Influencia de las experiencias extranjeras revolucionarias respecto a ¡Alfaro Vive, Carajo!

Yo creo que ¡Alfaro Vive, Carajo! viene de dos tradiciones: una es la de América Latina, la de los movimientos insurgentes que, sin duda, aparecen con la Revolución Cubana y la Revolución Sandinista. Estas revoluciones muestran que es posible y Arturo Jarrín asume ese camino. La otra corriente de donde vienen es el proyecto de Eloy Alfaro. El genio de Arturo Jarrín radica en haber sintetizado los ideales de Alfaro y adaptarlos al contexto de su época. En aquel entonces, todos en la izquierda querían ser líderes, tener su movimiento armado, pero Arturo Jarrín les pone una red que los junta, es decir, Eloy Alfaro. Esa también es la potencia de la figura de Alfaro, ese sí era un revolucionario. Arturo también pensó en esos ideales: soberanía, patria grande latinoamericana, justicia social, equidad, redistribución, reforma agraria. Estos son grandes problemas que Arturo Jarrín supo sintetizar y que todavía tenemos, seguimos buscando soluciones para los mismos problemas.

La figura de Arturo Jarrín en la política actual de Ecuador

Cuando Erika Silva y Rafael Quintero escriben el prólogo de este libro dicen que sirve también para dar cuenta de la historia de los movimientos y partidos políticos en Ecuador. Yo creo que podría funcionar para explicar un poco por qué gran parte de la militancia base de Alianza PAIS es ¡Alfaro Vive, Carajo! Y ellos tenían que estar ahí porque son personas muy preparadas. No eran solo unos jovencitos que se veían, sino que sabían cómo es la lucha. En ese entonces, no había acción de ¡Alfaro Vive, Carajo! que no esté sustentada en un aspecto político que podían sostener. Me parece que su importancia está en haber formado una generación que ahora ve un poco del fruto de su trabajo. Yo no creo que Arturo estuviera feliz en estas condiciones, pero algo de esto hay. Si no hubiesen existido estos revolucionarios de los ochenta, el ideario estaría aún más perdido de lo que está ahora.

Santiago Aguilar Morán en la Feria del Libro Quito 2016.

¿Sirvió la presencia de ¡Alfaro Vive, Carajo! para que el neoliberalismo no haya sido tan depredador en Ecuador?

Yo creo que en algo pudo detener esa vorágine que se venía. La dictadura en el Ecuador ganó todas las estructuras para que venga un hombre de derecha, de forma democrática, y tenga todo el aparataje para aplastarte sin ningún inconveniente. ¡Alfaro Vive, Carajo! logró ser una contención, el pueblo llegó a identificarse con ellos.

Arturo Jarrín decía: “ustedes nos dicen terroristas, asesinos o sanguinarios pero el pueblo nos conoce, nos ve andar junto a ellos, nos ve comer en sus restaurantes. La gente nos quiere, nos cuida”. Tengo un episodio que no relato en el libro porque no pude acceder a suficientes fuentes para evidenciarlo. Pero se cuenta que cierta vez Arturo Jarrín estaba acorralado en el centro de Guayaquil y se sube a un árbol para protegerse. Una señora lo reconoce y lo mete a su casa. Luego ve que la policía llegaba y le dice que se vuelva a subir al árbol. La señora hace que su esposo estacione su camioneta debajo del árbol para que Arturo se lance y pueda salir en el auto del cerco policial.

En cuanto a la censura a los libros, la búsqueda de personas que podían ser revolucionarías. ¿Por qué se silenció tanto?

Donde había adeptos también había detractores por miedo, por dinero, por chantaje. Así como hemos evidenciado en el libro que hubo mucha humanidad, también hemos evidenciado que hubo mezquindad. No la mencionamos, solo la mostramos. Hay que pensar que es muy difícil juntar a la gente, ponerla en tu proyecto. Uno debe confiar, empiezas a hablar con tus amigos, hermanos, novia. Este es un proceso largo, ¡Alfaro Vive, Carajo! se trazó que iba a necesitar 10 años para la revolución. Pero al año y medio el líder Arturo Jarrín ya estaba preso. Creo que ellos quizás pecaron de ingenuidad, es que estaban enamorados. Uno cuando está enamorado pierde la perspectiva y se entrega enceguecido. Pero no hay otra forma de hacer esto, nadie en sus cinco sentidos se metería en un banco a recuperar dinero, viajar a Libia a entrenar. Patricio cuenta que no comían antes de los operativos supuestamente porque si te disparan en el torso y no tenías comida en el estómago el daño era menor, pero que en realidad sospechaba que era porque no tenían qué comer. Eso solo hace un enamorado, el que se aguanta la lluvia para esperar a su amada. Ellos estaban enamorados de un sueño.

¿Qué significó León Febres Cordero en el Ecuador?

Yo creo que fue la pieza fundamental del Plan Cóndor. Mucho antes de que sea presidente, las políticas imperialistas se articularon en torno a su figura. La política expansionista tenía su pieza clave en Febres Cordero. Para mí Febres Cordero es un personaje siniestro, he tratado de personificarlo en esa dimensión: siempre borracho, violento. Como presidente de EEUU o como líder de la CIA encontrarías en Febres Cordero a un colaborador ideal. Lastimosamente, se murió sin recibir media condena. Vergonzosamente para el presidente Correa, tuvo que decretar tres días de luto para Febres Cordero y aún no se decreta un solo día de luto para cualquier militante de ¡Alfaro Vive, Carajo! Si algo puede definir a Febres Cordero es que era un ser despiadado, entra a matar a Isaías, pone 600 policías contra tres personas que se atrincheran en una casa. Febres Cordero no tenía ninguna piedad para tomar estas decisiones. Habría que hacer una biografía de él.

¿Qué representa Febres Cordero hoy?

Por increíble que parezca, hay gente que lo extraña. Tal vez porque no conocieron su crueldad o porque lo disfrutan. Es increíble tener argumentos que dicen que gracias a Febres Cordero nos libramos de tener una guerrilla como Colombia. Yo entiendo que los ¡Alfaro Vive, Carajo! estaban al margen de la ley, pero debieron tener un juicio, meterlos 20 años presos. Pero no los tortures, no los mates, así no funciona. Arturo Jarrín, un hombre de paz, mientras que Febres Cordero fue un tipo con un arma siempre en el cinturón, con un arma en el Congreso Nacional. Febres Cordero representa el odio, el miedo, el fanatismo. Arturo Jarrín plantea dar la vida por un sueño. Puedes no estar de acuerdo con los métodos, pero cómo no recordar a alguien que dio la vida por un sueño.

Muy pronto les presentaremos la segunda parte de esta entrevista al escritor Santiago Aguilar Morán. Pueden encontrarlo en su cuenta de Twitter: @literatango

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