Hemos visto mucho cine

Ilustración: Gonzalo Rizzo

Tengo tres hermanos mayores y mi mamá solía llevarnos al cine cuando éramos chicos, para que le demos un par de horas de respiro. En ese entonces los cines eran pequeños, de una sola sala, y estaban en los barrios comunes y corrientes. Además, tú comprabas la entrada y podías ver hasta tres películas. También podías comer papas fritas sin marca que vendían en la boletería. Y esas papas eran baratísimas.

Recuerdo que casi todas las películas que vi en esa época eran de Disney, todas las princesas que puedan existir. Y los Power Rangers, Jurassic Park y Día de la Independencia. Yo era una niña y me daba miedo ver a dinosaurios enormes en la pantalla. Parecían reales, en el cine todo me parecía real. Casi como que podía encontrarme con cualquiera de esos dinosaurios en la calle.

Después de unos años y gracias a no sé qué evento que hizo que Ecuador tenga muchísimas películas baratas que se venden en la calle, pude llevar el cine a mi casa. Ya no necesitaba las papas sin marca. Además, mi hermano mayor (que hoy cumple años, feliz cumple) compraba muchísimas películas y me dejaba verlas cuando quisiera. De mi hermano aprendí que el mundo es inmenso y el cine te cuenta todo lo que quisieras saber.

Así descubrí que las películas son muchísimo más que Disney y Hollywood, casi podríamos decir que Hollywood es un frasco de salsa de tomate derramado en el piso de un supermercado. Una comparación extraña, pero se entiende. Hay películas que no pude terminar de ver porque eran espantosas, muy tristes o insultantes. Como esa de las Sombras de Grey o The Human Centipede, que me parece que no aportan nada en la vida del ser humano. Ya me acordé y me puse triste.

Pero debo aclarar que he visto muchísimas películas que me han hecho feliz, me han transformado y me han construido. Y no podría nombrarlas a todas. No podría nombrar a diez porque se quedan cortas. Y cada una aparece en un momento especial de nuestras vidas, luego se ocultan, las olvidamos. Hasta que te encuentras con otra persona que te dice: ¿has visto la película ——? Y sonríes. La otra persona sonríe. Y sientes que eres parte de este mundo, de este universo. Y que no estamos solos.

4 Comments

  1. Qué belleza y qué belleza… Me explico, belleza por lo que has logrado en mi al leerte, es decir, quiero volar a joder y joder con las miles de pelis que están empolvándose en mi casa y recuerdo todas las que presté (regalé 🙁 …) a algún amigo o amiga que dijo: «Quisiera ver esa película» y yo, inflando el pecho de orgullo y ganas de compartir, en serio, se la prestaba…
    Y digo belleza porque me hiciste pensar en el cine, y me ha gustado coincidir en las descripciones, por ejemplo en lo de Hollywood y la salsa de tomate (con el plus de que a mi, la salsa no me gusta mucho, jaja) o por ejemplo lo que sentí cuando dices que no podrías nombrar diez pelis, pues se quedaría cortita la lista… Te confieso que mientras leía esa parte, estaba esperando, deseando, rogando casi, que al final pongas una lista de pelis, para, por un lado «sonreír» al comprobar que ya me la he visto (y volverla a mirar, claro) y por otro, para volar a conseguirla… (antes de olvidarme, si puedes y quieres, mira Pinocchio, de Roberto Benigni, en idioma original) …
    Desde tuiter ofrecí venir a darme más de una vuelta y eso es lo que voy a hacer… Abrazos, hasta otro texto. (u otro tuit) 🙂

    M.Romaña.

    1. Gracias!!!!! Qué bonito es pensar que el cine nos ha llegado a todos, con cualquiera de sus películas. La lista es interminable porque cada película llega en un momento distinto. Yo recuerdo que vi la película de la Historia Interminable hace muchísimos años y hasta ahora cantamos la canción con mi hermano y recordamos que el dragón parece perro. ¿Era dragón? Lo más lindo es que el cine es abierto para el que quiera verlo, hay lugares a los que puedes ir a ver películas gratis y cada vez es más sencillo encontrar películas en el Internet. Un gusto que te haya gustado este texto y sigue leyendo el blog que se vienen más ideas. 🙂

  2. Mi combo… En esas épocas no habían «combos»… En el Cine Universitario compraba Papa Pobre (sin marca), una Quintuple de uva y un Bios y listo veía cine continuo toda la tarde… Es un buen recuerdo

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