Indecible: Silvina Ocampo y los pecados mortales

Por: René Espinosa C.

Existe en Pecado Mortal  una línea que me obsesiona  especialmente  dentro de la obra de  Silvina Ocampo: sentías que aquella arcana representación impuesta por las circunstancias, tenía que alcanzar su meta: la imposible violación de tu soledad. La fascinación que estas palabras producen puede explicarse porque se encuentran rodeadas de un profundo silencio.

La narración es simple pero inquietante porque Ocampo parece aceptar tranquilamente lo indecible.  La protagonista, una niña, descubre un erotismo peligroso, que no tiene que ver con la sensualidad espantosa que recorre el cuento, pero incluso ahí, en solo el argumento, podemos darnos cuenta que hay algo que no podemos nombrar.

La narradora sigue a la niña por una casa inundada de un nerviosismo vacío, el falso presagio de un descubrimiento o una confesión o nada. Lo que sabemos con certeza es que existe un secreto que involucra un plumerito rojo y un empleado de la familia que mira silencioso como si también guardase un secreto, y eso es todo.  Lo importante se ubica fuera de lo escrito, incluso podría decir que el texto carece de acontecimientos porque aquello que sabemos terrible pero que como lectores esperamos que pase o que al menos sea susurrado, nunca ocurre.  No puedo reproducir para otros el cuento, y no por pudor, sino porque todo lo que llegase a decir sería una suposición poco clara e imprecisa, y porque decirlo sería confesar mi propio pecado.

Lo que me obsesiona, sin embargo es otra cosa. La necesidad oscura de conseguir pequeñas cosas que ocultar por la imposibilidad de decir lo que permanece oculto. Pequeños desenfrenos mucho más confesables, mentiras o evidencias sin importancia de  nuestra soledad, de nuestra condena y deseo.  Hablo del goce sin fin, la tristeza, el sexo y la muerte, que deben entenderse en este momento como simples palabras, como arcanas representaciones de lo que no podemos decir, de todas esas cosas donde lo terrible imita lo hermoso, nuestros verdaderos pecados mortales.

*Fotografía de René Espinosa C.

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