La violencia del pensamiento, el poder del silencio

Foto: René Espinosa

La violencia del pensamiento, el poder del silencio

Por: René Espinosa

Silencio de Martín Scorsese es una película con una imagen clásica, y sosegada, ideal en un sentido formal. Yo buscaba, sin embargo, algo capaz de sorprenderme dentro de esta perfección milimétrica y conseguí solamente silencio. Esta única respuesta es tal vez la más apropiada ya que el problema planteado por esta obra es, desde el  principio, el enfrentamiento violento de dos ideas.

Debemos considerar que el pensamiento, el más simple pensamiento, es por naturaleza invasivo y violento. Está hecho para llegar al otro, para afectarlo, y esto sin  llegar a palabras casi vacías como convencer y conquistar, donde el sentido de verdad, todavía más vació, intervine en el encuentro. La religión es, sin duda, un ejemplo obvio de esta violencia, y quise defender otros tipos de pensamientos, como el estético, pero el problema se repite aunque pueda acudir a palabras más placenteras como encantar y seducir.

No hay que olvidar, además, que el pensamiento es lenguaje, y cada palabra busca penetrar, exterminar. Esto nos presenta una doble violencia, una evangelización que lejos de lo religioso puede seguir siendo sagrada por un sentido mágico en el lenguaje, en el conjuro. Scorsese muestra, entonces, dos formas de combatir esta violencia, la primera es separar pensamiento del lenguaje, usar la negación para crear el enfrentamiento desenfrenado de dos fuerza iguales.  La destrucción es en este caso excesiva y absurda. ¡Cuántos han muerto inútilmente en nombre de la razón! ¡Cuántos manicomios están llenos de gente con convicciones!

El silencio se convierte entonces en la única forma de protegerse, detiene la violencia porque destierra del pensamiento la necesidad de propagación, lo vuelve inútil, y por eso, heroico.  Es esta la razón por la que la película permanece en silencio, repitiendo en su lenguaje la decisión final de sus protagonistas. Silencio no busca repetir la violencia con su espectador, no busca imponerse solo mostrar, solo dejarse ver.

Yo, por otro lado, no tengo convicciones, no creo en el silencio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *