Neal Moriarty

Estoy en una librería de Quito, escucho a Fernando Iwasaki y no sé mucho sobre él. Pero acaba de decir algo sobre Sevilla y me conecté. Vine porque me moría de ganas de ver a Richi. 

Él es Richi. Siempre lo presento como mi mejor amigo, el filósofo, el mejor seleccionador de memes. Pero es muchísimo más. Es un escritor increíble. Lo sé porque he leído sus escritos desde que nos conocimos hace 10 años.

Este es Richi, quien me habla sobre Borges y siempre me hace acuerdo de que era un ciego, buenito y hecho el rico. También me pide perdón cuando va a decir algo de Vargas Llosa. Se toma un aliento extra y mira al cielo antes de hablar de Bolaño. Y así estallo de risa con Richi. Siempre. Porque hay que tener un humor muy pero muy finito para ser así de gracioso. 

Converso casi todos los días con Richi. Y casi nunca hablamos de lo normal o cotidiano. No sé casi nada de su día a día. Pero sé tanto de su alegría, de sus sueños, de sus ideas y de sus necesidades. Y sé que me siento muy feliz cuando llega un mensaje suyo. Todo lo puedo ver detrás de los chistes que me cuenta a diario. Pensarán que Richi es un payaso. No lo es. Creo. 

¿Empecé hablando de Sevilla? Richi y yo dejamos de hablarnos durante muchos años. Y nunca, nunca hemos hablado de lo que pasó.

Ya, sí. Yo tuve la culpa, me fui con otro chico mientras Richi quería estar conmigo. Y ahí se jodió todo. Cinco años sin hablarnos. Pero luego solamente nos reencontramos y, aunque no se lo he dicho antes, perdón Richi. Me porté como una gil. Agradezco que cinco años después, hayas aceptado ser mi amigo de nuevo. Ya no quiero que nos separemos nunca. 

Pero volvamos a la descripción de Richi. Desde que nos conocimos, supimos que la vida está hecha de libros. Ambos sabemos que se puede vivir tranquilamente solo a través de ellos. A veces me olvido de esto, pero Richi siempre me hace acuerdo. 

Ya sé por qué me acordé de Sevilla. Porque allí nos pusimos de a buenas, a la distancia, pero de a buenas. Y ahí empezó todo de nuevo solo que mejor.

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