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De regreso a Oktubre

Escrito por Martín Guzmán

No sé si este es el mejor o peor momento para leer este libro, ya que vivimos tiempos en los que el Covid-19 ronda el ambiente, como si fuese una onda expansiva que no la podemos ver, pero ya muchos la han sentido y padecido.

Con una portada que nos transporta a lo que podría ser la escena de alguna película de Eisenstein, Oktubre no es solamente el segundo álbum de la legendaria banda argentina Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, bajo la voz del mítico Indio Solari y la guitarra de Skay Beilinson, sino también el título del libro de la escritora uruguaya Carolina Bello, quien en 139 páginas creó un genuino complemento para conjugar y escuchar este disco.

Tomando en cuenta el marco pandémico antes descrito, impresiona bastante toparte de entrada con una frase catastrófica de Asimov, la cual te da pauta de que lo que sigue a continuación de seguro será fuerte, bélico y, hasta cierto punto, de un sonido y lectura radioactiva.

Jijiji es una de las canciones icónicas del rock argentino, la cual hace referencia a lo ocurrido en Chernóbil, describiendo lo que fue un “film velado en blanca noche”, con esos chicos que “son como bombas pequeñitas” y “ojos ciegos bien abiertos”, los cuales hasta ahora no logran creer todo lo que empezó a suceder esa noche del 26 de abril de 1986.

“Todavía no saben qué pasó. Solo saben que arde y que la ciudad es una gran bóveda surcada por helicópteros que apenas arrojan cucharitas de agua. Aún no saben que murieron 31 personas, que morirán miles y que, pronto, más tarde que temprano, todos ellos serán las bestias mutantes de la historia”.

Resulta genial el uso de recursos narrativos, como las cartas de dos enamorados en la lejanía, el uno viviendo Oktubre en Argentina y ella en el lugar de los hechos, siendo una protagonista de lo trágico y doloroso de lo suscitado, pero recibiendo dosis musicales de Oktubre para aliviar un poco la tristeza, la nostalgia y el sufrimiento causado ante la cercanía de la muerte y una sensación corporal estrepitosa, debido a la radiación.

“Es monstruoso el sonido en los pasillos de los hospitales, acondicionados para la orfandad de la suerte, del destino o de Dios. Al caer, un bisturí abre las dimensiones del aire con un estruendo único, paralizado entre la capa de azulejos blancos que vuelve las paredes más duras y lejanas. Esos corredores son laberintos del infierno en el que nadie quiere creer. Porque la mezquindad de un tragaluz, de un vitral mutilado al final, no debería ser la última imagen de nadie”.

Oc(k)tubre es una palabra que tiene un simbolismo profundo para lo que son Los Redondos, así como una connotación extensa para el contexto soviético, en donde este disco, sin apariencia de querer propagar ideología, cuenta la historia desde una perspectiva, letra y sonido muy particular, contundente y amplio a la vez, propia de esta banda surgida en la ciudad de La Plata, allá por finales de los 70.

“Son tiempos contaminados de preguntas y de respuestas rápidas. Como si la densidad del aire se hubiese convertido de pronto en un detector de mentiras ante una exhalación mal dada, o una gota de sudor delatora cayendo por la sien”.

Volviendo al estilo del relato del libro, la autora nos cuenta de elementos magníficos en el desarrollo de esta historia, como discos de hueso o sitios increíbles como Parakultural, mostrándose como un lugar increíble, en el que estallaron varias cosas, desde un «Semen-Up», un «Motor Psico» o una dedicatoria a alguien que el Indio no conocía, pero había escuchado desde un rincón extremadamente lejano, pero al mismo tiempo muy cercano, y que recorrió miles de kilómetros para ser escuchado una y otra vez, a manera de terapia.

Así como el disco de Los Redondos cuenta con una sincronía grandiosa, el texto de Carolina Bello también, colocando cada recurso en el espacio adecuado para desempeñar una narración que conecta perfectamente los sentidos, así como el Indio lo hace en sus letras, uniendo palabras y frases explosivas, llenas de algún significado (o significados).

Este es un libro al que, en tiempos de coronavirus, hay que pensar dos veces antes de leerlo. Conecté muchas cosas con la actualidad y eso provocó ciertos estragos, tomando que estamos en una fase de encierro, pero no me arrepiento de haberlo hecho, más bien, todo lo contrario, me emocionó haber encontrado un instrumento adecuado para escuchar con mayor intensidad el que para muchos es el mejor disco del rock argentino.

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