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Perfecta intensidad: Cerati

Perfecta intensidad

Reseña del libro Cerati. La biografía, de Juan Morris

Un texto de Martín Guzmán, creador del blog Tercer Fútbol

Empezar por el final. Iniciar el desarrollo de una biografía desde la muerte. Una muerte física que dio paso a una vida eterna. La música es historia, tiene memoria, inmortaliza sus sonidos, sus ritmos, sus figuras y sus personajes. Además, convierte en leyendas a unos cuantos privilegiados del virtuosismo.

Juan Morris, periodista que ha plasmado historias y artículos en revistas como Rolling Stone, se encargó de dar luz a un libro de contenido peculiar. Detalla la vida de una estrella que no se apaga. Seguramente el ruido es lo que la mantiene encendida.

Palabras recurrentes durante toda una vida. Frases propias e identificativas que, al escucharlas, resulta inevitable pensar en una sola persona y/o un solo grupo. Sonidos únicos que traen a la mente a este personaje místico. Cerati fue creador de rutas estridentes que recorrieron diversos escenarios del continente. Así marcó territorios con un estilo novedoso, diferente y en constante evolución.

Intensidad, perfección, color. Estas quizás sean las palabras que mejor caracterizan la figura de un rockstar, que no por ser latinoamericano está por debajo de gigantes históricos de la música a nivel mundial. Cerati se consideró un “sobreviviente” de una generación que revolucionó las calles de Buenos Aires con sus guitarras y baterías. Luego le quedó chica toda América.

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Sentimientos

El amor en modo variable, repentino, pero constante y explosivo. Fijar una simple mirada y, a partir de ello, crear un cuento romántico lleno de giras, conciertos, consumismo de cosas raras y un ambiente poco común. La indiferencia hacia lo considerado normal en la vida de la mayoría. Una necesidad vital de evadir la soledad, de estar siempre junto a ella, da igual quien quiera que sea, pero ella. Un sentido de juventud inagotable, no ser consciente del significado de envejecer y mucho menos saber de qué se trata la muerte.

Refugios en forma de casas y estudios por aquí y por allá, en un país y en otros. Papelitos regados en todas partes y sonidos guardados en computadoras. Estos rastros forman versos que tienen sentido, que indican una secuencia de emociones para cada quien que los escuche, que significan un episodio de la vida del autor.

Padre, madre, hermanas, hijo e hija, casi siempre en un segundo plano. Lo más importante fue la música, evolucionar como artista, no detenerse en la carrera de conocer y asimilar nuevas voces y formas rítmicas para referenciarlas, pensarlas y plasmarlas en más de una decena de discos, ninguno igual a otro, con una primera parada en el ska.

Inmortalidad

No es casualidad que, desde el primer disco de Soda Stereo, el protagonista de esta música sea Dorian Grey. Gustavo Cerati se pensó inmortal y creo que a todos quienes lo admiramos llegamos a pensar igual: profesar que nunca morirá, que en cualquier momento lo volveríamos a ver encima de un escenario, sintiéndonos privilegiados todos aquellos que algún día lo pudimos escuchar en vivo y siempre a la espera de un nuevo encuentro.

Como pasa con casi todos los personajes que rompen con la historia, Cerati no muere, simplemente su presencia física se extinguió. Mientras existan parlantes, como aquel que colgaba de su cuello, Cerati y Soda Stereo viven y suenan creando ondas imparables en el tiempo.

Juan Morris se atrevió a poner sobre el papel la vida de una leyenda que cambió para siempre la historia del rock en Latinoamérica. Como relata una entrevista suya en The New York Times, Morris “intentó saber cuáles eran los miedos, las contradicciones, los sufrimientos y las pasiones de Gustavo Cerati”. Creo que lo logró. Hay que leerlo.

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